viernes, 20 de mayo de 2011

LA ESPAÑA DE LAS AUTONOMÍAS Y LA DIVISIÓN REGIONAL DURANTE EL FRANQUISMO (NO PAU)

http://fronterasblog.files.wordpress.com/2009/07/division_regional_javier_burgos-full.jpgLos mapas objeto de comentario representan la organización territorial de España durante la dictadura de Franco, y la propia del Estado autonómico que surge en la Transición Democrática tras la aprobación de la Constitución Española de 1978.

En el primero de los casos, el Estado español presenta una organización unitaria y centralizada. Tras la Guerra Civil, el País Vasco y Cataluña perdieron su régimen autonómico, que le fue concedido durante la 2º República (Constitución de 1931) y todo el territorio pasó a estar bajo el control exclusivo del gobierno del Estado, repitiéndose así la situación vivida en la restauración y en la Dictadura de Primo de Rivera. Un único gobierno gobernará el Estado, mientras que las regiones y las provincias carecen de poder político autónomo.

En el caso de las regiones durante el franquismo, estamos ante una división que ni siquiera tiene una significación administrativa. Comparando los dos mapas podemos apreciar que las imágenes no se corresponden, en algunos casos, con la actual división autonómica. Las únicas que mantienen su configuración anterior y denominación son Galicia, Asturias, Extremadura, Andalucía, Canarias, Baleares, Navarra, Cataluña y Aragón. También hay casos en los que se mantiene la configuración pero no su denominación, como es el caso de Valencia (ahora Comunidad Valenciana) y Vascongadas (hoy Euskadi o País Vasco). En el resto de España cambian las denominaciones y/o distribución de provincias. Donde hoy situamos Castilla y León, anteriormente se distinguía entre Castilla la Vieja y León, con la exclusión de Santander (hoy comunidad autónoma de Cantabria) y Logroño (hoy La Rioja). Murcia es, actualmente, una comunidad autónoma uniprovincial, a diferencia de lo que sucedía en el franquismo, donde Albacete formaba parte de la región. Albacete más las comunidades autónomas que conformaban Castilla la Nueva, en el franquismo, forman en la actualidad Castilla La Mancha, excluyendo a Madrid. Ceuta y Melilla, que en el principio eran municipios dependientes de las provincias de Cádiz y Málaga, se convierten en ciudades autónomas.

Común a los dos mapas es la división provincial, donde apenas se aprecian diferencias, si bien el poder político de la división territorial varía. Las provincias son una creación del estado liberal en España, siguiendo el modelo de la Francia revolucionaria de prefecturas y departamentos. El franquismo mantuvo y reforzó este modelo. La máxima autoridad provincial era el Gobierno Civil, que era el representante del gobierno en ese territorio., con un poder considerable en lo civil, compartido con el capitán general como máxima autoridad militar. El Gobernador Civil era el Jefe provincial del Movimiento Nacional, el partido único de la Dictadura. El órgano de representación de los municipios de la provincia era la Diputación provincial. Este modelo no se aplicó durante el franquismo en Canarias, donde el órgano de representación a este nivel era el Cabildo insular desde 1910. En Baleares, la creación de los Consell insulares es muy posterior, en la Transición Democrática. En el nivel inferior a la provincia o isla de organización territorial, en el franquismo y hoy, es el municipio. Su órgano de gobierno es el ayuntamiento y a su cabeza, el alcalde. En el franquismo, el alcalde era elegido directamente por el gobierno en los municipios capital de provincia, y en los restantes lo elegía el Gobernador Civil. En la actualidad, en la etapa democrática, el alcalde es elegido entre los concejales y éstos son elegidos directamente por los vecinos en las elecciones municipales.

A la muerte de Franco (1975) se inicia la transición Democrática. En 1978 se aprueba la Constitución la cual establece que España sigue siendo un estado unitario pero descentralizado. Reconoce el derecho a la autonomía de sus regiones y nacionalidades. A partir de ese momento, y como desarrollo de la propia Constitución, se aprueban los estatutos de autonomía de las, hoy, 17 comunidades autónomas españolas. Cada estatuto de autonomía, conforme a la Constitución, reconoce sus órganos y competencias. Las primeras en incorporarse al proceso son las de Cataluña y el País Vasco pues la propia Constitución reconoce un procedimiento más rápido de acceso a la autonomía por haberla tenido en la 2º República. A continuación le siguen Galicia y Andalucía, ésta última a través de un proceso algo complejo, a través de un referéndum, celebrado en 1980, logró un nivel de competencia mayor del previsto por el gobierno inicialmente. En 1983 ya se había completado el mapa autonómico, si bien la transferencia de muchas competencias fue algo más tardía. Muchos de los estatutos autonómicos han sido modificados a lo largo de estos años, el único que ha sido sustituido por otro posterior, íntegramente, ha sido el de Cataluña de 2005, sobre cuya constitucionalidad se ha pronunciado recientemente el Tribunal Constitucional.

EL TERRITORIO PENINSULAR



En relación con la situación, en la Península Ibérica es destacable que está el área mediterránea, en la suroeste de Europa, entre el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico de una parte, y en el extremo sur de Europa, muy cerca del norte de África.

I.1.- Área Mediterránea (región templada)

La Península está situada en el borde sur de la zona templada y cerca de los desiertos del norte de África; es decir, en el área mediterránea, entre los climas templados y los climas tropicales desérticos. Recibe masas de aire tropical y masas de aire polar y está bajo la influencia de las altas presiones subtropicales en verano (anticiclón de las Azores) y de las perturbaciones del frente polar sobre todo en invierno, pero también en otoño y primavera.

Esta situación tiene su traslación en el clima, la vegetación, los ríos, los suelos, los paisajes agrarios... Sólo el noroeste y la costa cantábrica tienen un clima oceánico o atlántico, con lluvias frecuentes y bosques densos. En el resto domina el clima mediterráneo que en el interior de la Península (Meseta, Valle del Ebro…) tiende a continentalizarse (mediterráneo continentalizado) con mayor amplitud térmica anual (inviernos más fríos y veranos cálidos).

Los cultivos tienen que adaptarse a los inviernos fríos del interior y a la aridez del verano (estío). Los agricultores luchan contra la falta de agua del verano: cultivando especies que crezcan antes de que llegue el período de aridez, cultivando especies xerófilas (olivo, vid, almendro...), extendiendo el regadío… El cultivo en regadío es propio del clima mediterráneo y aumenta espectacularmente la productividad del suelo en relación con el secano. Permite introducir especies que se adaptan bien a las temperaturas mediterráneas pero no a su aridez (huerta).

Los ríos son peculiares en relación a los restantes europeos: caudal escaso e irregular, y ninguno relevante nace fuera de la Península. Las lluvias torrenciales de primavera y especialmente de otoño pueden dar lugar a espectaculares desbordamientos.

I.2.- Entre dos mares (Mediterráneo y Océano Atlántico) y dos continentes (Europa y África)

Esta situación da lugar a consecuencias climáticas (físicas) e históricas (humanas)

Desde el punto de vista climático las aguas atlánticas tienen temperaturas moderadas en invierno y en verano por lo que las zonas bajo su influencia no conocen ni temperaturas bajas en invierno ni temperaturas altas en verano. En cambio, las aguas mediterráneas son tibias en invierno y cálidas en verano. Las zonas bajo su influencia tienen temperaturas suaves en invierno y altas en verano. Con carácter general, la costa mediterránea es más cálida que la costa atlántica.

La situación entre estos dos mares influye climáticamente en la gran variedad de climas que presenta la Península: desde el clima templado oceánico (noroeste y la región cantábrica) hasta climas semiáridos o subáridos con inviernos fríos (Submeseta norte, Valle del Ebro) o con inviernos suaves (sureste peninsular en Murcia y Almería).

Desde el punto de vista histórico, la situación peninsular ha influido en que se haya convertido en encrucijada terrestre y marítima de pueblos y civilizaciones: puente entre África y Europa y entre el Mediterráneo y el Atlántico. Fue receptora de la colonización de grandes civilizaciones de la Edad Antigua (fenicios, griegos, romanos…). Experimentó casi ocho siglos de ocupación islámica y dos estados que se asentaron en su territorio a finales de la Edad Media, Portugal y Castilla, tuvieron un protagonismo de primer orden en al expansión marítima de la Edad Moderna y especialmente en el descubrimiento, conquista y colonización de América.

II.- Configuración

Podemos distinguir cuatro elementos esenciales: carácter macizo, elevada altitud media, compartimentación del relieve y disposición periférica de las cadenas montañosas.

II.1.- Carácter macizo

Dominan las costas rectilíneas –excepciones, rías gallegas, Costa Brava…– y las aguas marinas apenas penetran en el interior. La relación entre la extensión de la Península Ibérica y la longitud de sus costas es pequeña, aproximadamente unos 130 Km2 por cada kilómetro de costa. Las regiones centrales de la Península Ibérica están muy alejadas del mar. Las aguas marinas sólo moderan las temperaturas en las zonas costeras y por ello en el interior el clima presenta caracteres de continentalidad (inviernos más fríos y veranos más cálidos que en las costas).

II.2.- Elevada altitud media

Casi dos tercios del territorio lo ocupa la Meseta, una altiplanicie interior de unos 600 m de altitud media, algo más la Submeseta norte que la sur. Incluso la altitud media española es algo mayor a la peninsular (660 m) lo que sitúa a España como el segundo estado europeo con mayor altitud media al exceptuando los minúsculos, solo por detrás de Suiza. A más altura, menos temperatura, lo que influye, en relación con la latitud, que la temperatura media anual de gran parte del territorio interior sea inferior, y en el caso del invierno, haya temperaturas tan rigurosas en el interior de la Península como en zonas bajas de la Europa centro-occidental (norte de Francia, oeste de Alemania…).

II.3.- Compartimentación del relieve

La unidad de relieve más extensa de la Península Ibérica es la Meseta que está compartimentada por la Cordillera Central y por los Montes de Toledo. A la vez, sus rebordes montañosos (Macizo Galaico, Cordillera Cantábrica, Sistema Ibérico y Sierra Morena) la separan del Valle del Ebro y del Valle del Guadalquivir. Además, el Valle del Ebro queda encerrado por el Sistema Ibérico, los Pirineos y el Macizo Catalán y el Valle del Guadalquivir entre Sierra Morena y las Cordilleras Béticas.

II.4.- Disposición periférica de las grandes cadenas montañosas

Su disposición (Pirineos, Sistemas Béticos, Cordillera Cantábrica…) aísla el interior. Sólo el oeste de la Submeseta Sur y el Valle del Guadalquivir se abren al Atlántico. Los Pirineos, verdadero istmo que une la Península con Europa, de hecho, más bien separa. Es una barrera montañosa casi infranqueable, salvo por los extremos costeros. Históricamente ha influido en que la gran mayoría de las colonizaciones sufridas por la Península han sido marítimas y no terrestres.

La disposición montañosa periférica también influye en:

La red fluvial: los ríos que nacen en estos rebordes montañosos salvan enormes desniveles en recorridos muy cortos y, por tanto, pueden tener episodios torrenciales frecuentes. Salvo el Ebro, los grandes ríos peninsulares tienen dirección con sentido este-oeste.

El clima: la posición periférica de las cordilleras, unida a costas rectilíneas, hace que la influencia moderadora de las aguas marinas sobre las temperaturas se limite a una estrecha franja y no llegue al interior. En el Valle del Ebro y en la Meseta el clima mediterráneo se continentaliza.

Las comunicaciones terrestres: la disposición periférica de los relieves montañosos complica el trazado de carreteras y líneas de ferrocarril y dificulta las comunicaciones entre las regiones litorales y las del interior. Las infraestructuras de transporte terrestre son de trazados complejos como consecuencia del relieve.